[63.] Para comprender la superioridad que en esta parte lleva el oido al tacto, basta considerar 1.º la relacion de las distancias; 2.º la variedad de los objetos; 3.º la rapidez de la sucesion de las impresiones; 4.º la simultaneidad, tan vasta en el oido, y tan limitada en el tacto; 5.º las relaciones con la palabra.

Relacion de las distancias. Claro es que en este punto se aventaja al tacto el oido; aquel necesita en general la inmediacion, este nó; y aun de suyo requiere para la buena apreciacion del objeto, cierta distancia acomodada á la clase del sonido. ¿De cuántos y cuántos objetos distantes, no nos informa el oido, con respecto á los cuales nada puede decirnos el tacto? El galope del caballo que amenaza atropellarnos, el ruido del torrente que nos puede arrebatar, el trueno que retumba y nos anuncia la tormenta, el estruendo del cañón que nos da noticia de que ha principiado una batalla, el ruido de las carreras, de la gritería, de los tambores y campanas, que nos indican el estallido de la cólera popular, la música estrepitosa que nos informa de la alegría causada por una fausta nueva, el concierto dedicado á los placeres del salon, el canto que nos hechiza con melancólicos recuerdos, con sentimientos de esperanza y de amor, el ay! que nos avisa del sufrimiento, el llanto que nos aflige con la idea del infortunio; todo esto nos dice el oido; sobre todo esto nada puede decirnos el tacto.

Variedad de los objetos. Los objetos distantes de que nos da noticia el tacto son por necesidad muy poco variados; y por lo mismo las ideas que solo de él resultasen, estarian sujetas á una confusion deplorable, y á mucha incertidumbre. El oido al contrario, nos informa de infinitos objetos sumamente diferentes, y lo ejecuta con toda precision y exactitud.

Rapidez de la sucesion de las impresiones. Es evidente que en esta parte lleva el oido al tacto una superioridad incalculable. Este cuando percibe por yuxtaposicion, necesita recorrer sucesivamente los objetos y aun las diferentes partes de uno mismo, si ha de recibir impresiones variadas: lo que exige largo tiempo por poco numerosos que sean. Si los objetos no obran por yuxtaposicion, sino por otro medio, todavía se necesita mas tiempo para la sucesion, y es mucha menor la variedad. Compárese esta lentitud á la rapidez con que el oido percibe todo linaje de sonidos en las combinaciones musicales, las infinitas inflexiones de la voz, el sinnúmero de articulaciones distintas, la infinidad de ruidos de todas especies que sin interrupcion sentimos y clasificamos, y referimos á sus objetos correspondientes.

La simultaneidad de sensaciones tan vasta en el oido, es sumamente reducida en el tacto: cuando existe en este, es solo con relacion á pocos objetos; mas en aquel se extiende á muchos y muy diferentes.

Pero lo que decide mas victoriosamente la superioridad del oido sobre el tacto, es la facilidad que nos da de ponernos en comunicacion con el espíritu de nuestros semejantes por medio de la palabra: facilidad que resulta de la rapidez de las sucesiones que mas arriba hemos notado. Sin duda que esta comunicacion de espíritu á espíritu puede tambien establecerse por el tacto, expresando las palabras por caractéres bastante abultados para ser distinguidos; pero, ¿qué diferencia tan inmensa entre estas impresiones y las del oido? Aun suponiendo que el hábito y la concentracion de todas las fuerzas sensitivas, llegasen á producir una facilidad tal de recorrer las líneas con los dedos, que superase en mucho á la que vemos en los mas diestros tocadores de instrumentos músicos; ¿cómo puede compararse una velocidad semejante con la que nos proporciona el oido? ¿Cuánto tiempo no será menester para recorrer unas tablas donde esté escrito un discurso que oimos en breves minutos? Y además, para hacerse oir, todos los hombres tienen, medios, les basta servirse de los órganos; para lo otro es necesario preparar las tablas, y unas mismas no pueden ser útiles, sino para un objeto, y simultáneamente no pueden servir para dos personas; cuando por medio del oido, un hombre solo comunica en breve rato infinidad de ideas á millares de oyentes.

CAPÍTULO XII.

SI LA SOLA VISTA PODRIA DARNOS IDEA DE UNA SUPERFICIE.

[64.] Creo haber hecho palpable la inferioridad del tacto con respecto á la vista y al oido; y por consiguiente haber hecho sentir la extrañeza de que se le haya querido señalar como base de todos los conocimientos, radicando en él la certeza de los juicios á que los demás sentidos nos conducen, y estableciéndole por árbitro soberano para fallar en última apelacion en las dudas que pudieran ofrecerse.

Tengo tambien manifestado no ser verdad que solo por medio del tacto podamos hacer la transicion del mundo interior al exterior, ó de la existencia de las sensaciones á la de los objetos que las causan: pues que á mas de haber combatido la razon principal, ó mejor la única, en que se intentaba cimentar este privilegio, he demostrado el modo con que se hace esta transicion con respecto á todos los sentidos, fundándome en la misma naturaleza y encadenamiento de los fenómenos internos.