He dicho tambien y probado que la única sensacion que objetivábamos era la de la extension; y que en todas las demás, solo habia una relacion de causalidad, esto es, un enlace de cierta sensacion ó de un fenómeno interno, con un objeto externo, sin que trasladásemos á este nada semejante á lo que experimentábamos en aquel.
[65.] Tocante á la extension, son dos los sentidos que de seguro nos informan de ella: el tacto y la vista; prescindiremos por ahora, de si es una verdadera sensacion lo que de la extension tenemos, ó si es una idea de un órden diferente, la cual resulte de la sensacion. Proponiéndome examinar este punto despues, me limitaré por ahora á comparar la vista con el tacto en lo relativo á darnos la sensacion de la extension, ó sí se quiere, á suministrarnos lo necesario para formarnos idea de ella.
Desde luego se echa de ver que la extension se halla bajo el dominio del tacto: y esto considerando la extension no solo en superficie sino tambien en volúmen. A la vista no se le puede negar la misma facultad con respecto á las superficies, porque es imposible ver sin que al mismo tiempo se ofrezca al menos un plano. El punto inextenso no puede pintarse en la retina: desde el momento que un objeto se pinta, tiene partes pintadas. Ni aun por un esfuerzo de imaginacion podemos concebir colores inextensos: ¿qué es un color si no hay superficie sobre la cual se extienda?
[66.] Condillac ha estado tan severo con el sentido de la vista, que no ha querido concederle la facultad de percibir la extension ni aun en superficie. Como este filósofo es uno de los que mas han contribuido á la propagacion y arraigo de una opinion tan equivocada, examinaré su doctrina, y las razones en que la funda. A la simple lectura de los capítulos en que la expone, salta á los ojos que no estaba bien seguro de la verdad de ella, sintiéndose contrariado por la inexperiencia y la razon.
En el Tratado de las sensaciones (f p., c. XI), donde examina las ideas de un hombre limitado al sentido de la vista, asienta que los colores se distinguen á nuestros ojos, porque parecen formar una superficie de la cual ocupan ellos una parte; y luego pregunta: «nuestra estatua, juzgando que es á un tiempo muchos colores, ¿se sentiria á sí misma como una especie de superficie colorada?» Es menester advertir que segun Condillac, la estatua circunscrita á un sentido, se creeria la sensacion misma; es decir, pensaria que es el olor, el sonido ó el sabor, segun fueran el olfato, el oido ó el paladar, los sentidos que tuviese en ejercicio, por cuya razon, si en las sensaciones de la vista entrase la superficie, la estatua deberia creerse superficie colorada. Prescindiré de la exactitud de estas observaciones, concretándome al punto principal que es la relacion de la vista con la superficie.
[67.] Segun Condillac, la estatua no llegaria á creerse superficie colorada; esto es, que percibiendo el color, no percibiria la superficie. Dejemos hablar al mismo filósofo, pues bastarán sus propias palabras para condenar su opinion y descubrirnos la incertidumbre con que la profesaba, ó la oscuridad que en ella padecia. «La idea de la extension supone la percepcion de muchas cosas unas fuera de otras; esta percepcion no podemos negarla á la estatua, pues que siente que se repite fuera de sí misma tantas veces como hay colores que la modifican; mientras es lo encarnado, se siente fuera de lo verde: mientras es lo verde, se siente fuera de lo encarnado; y así de lo demás.» Cualquiera creeria que conforme á estos principios, Condillac iba á establecer que la vista nos da idea de la extension, pues que nos hace percibir las cosas, unas fuera de las otras, en lo que segun el mismo autor, consiste precisamente la idea de la extension; pero muy al contrario, Condillac, lejos de proseguir por el verdadero camino, se extravía lastimosamente, y á mas de ponerse en desacuerdo con los principios que acaba de asentar, altera notablemente el estado de la cuestion y continúa: «mas para tener la idea distinta y precisa de una magnitud, es necesario ver como las cosas percibidas unas fuera de otras, se ligan, se terminan mutuamente, y como todas juntas tienen límites que las circunscriben.» Esto, repito, es alterar el estado de la cuestion: no se trata por ahora de una idea distinta y precisa, sino solamente de una idea. Hasta qué punto la vista podria perfeccionar la idea de la extension, esta es una cuestion diferente; aunque salta á los ojos que si la vista por sí sola puede darnos idea de la extension, el continuado ejercicio de este sentido iria perfeccionando la misma idea.
[68.] La estatua, en opinion de Condillac, no podria sentirse circunscrita á ningun límite porque no conoceria nada fuera de ella misma; pero ¿no acaba de decirnos el autor que la estatua se creeria los diferentes colores, que estos se hallan unos fuera de otros, y que cuando seria el uno se sentiria fuera del otro? ¿no hay por ventura con esto solo, nó uno sino muchos límites?
Este argumento no se ocultaba del todo á Condillac; despues de haber preguntado si el yo de la estatua modificado por una superficie azul orlada de blanco, no se creeria un azul terminado, dice: «á primera vista nos inclinaríamos á pensarlo así; pero la opinion contraria es mucho mas verosímil.» Y por que? «la estatua no puede sentirse extensa por esta superficie, sino en cuanto cada parte le da la misma modificacion; cada una debe producir la sensacion de azul; pero si es modificada de la misma manera por un pié de esta superficie que por una pulgada ó una línea, no puede representarse en esta modificacion, una magnitud mas bien que otra; luego no se representa ninguna, luego una sensacion de color no trae consigo una idea de extension.» Es fácil notar que ó Condillac supone lo mismo que se disputa, ó no dice nada conducente á resolver la cuestion. Segun él la estatua es modificada de la misma manera por un pié de una superficie colorada que por una línea; si con esto quiere significar que las dos modificaciones son idénticas bajo todos aspectos, supone lo mismo que debe probar: porque esto es cabalmente lo que se disputa, á saber, si las superficies diferentes en magnitud producen tambien sensacion diferente; y si quiere significar, como parecen indicarlo sus palabras, que la sensacion como color, y solamente en cuanto color, es la misma en un pié que en una línea, dice una verdad muy cierta, pero que no nos sirve para nada. Es indudable que la sensacion de azul, en cuanto azul, es la misma en diferentes magnitudes, y nadie piensa en negárselo; pero la cuestion no está en eso; la cuestion está en si permaneciendo uno mismo el color, la sensacion de la vista se modifica de diferente manera, segun la variedad de las magnitudes en que la superficie colorada se le presenta. Condillac lo niega, bien que de un modo incierto y fluctuante: pero creo que esta negativa es tan infundada, que se puede demostrar todo lo contrario.
[69.] Yo pregunto á Condillac, si puede haber color sin superficie, si puede pintarse en la retina un objeto inextenso, si podemos ni aun concebir un color sin extension; nada de esto es posible: luego la vision está acompañada necesariamente de la extension.
[70.] Condillac pone la idea de extension en que unas cosas se nos presenten fuera de otras; esto, segun confiesa él mismo, se verifica con la sensacion del color; luego la vision de lo colorado debe producir la idea de la extension. El efugio de Condillac, es sumamente débil: nos dice que para tener idea de la extension es necesario tenerla de los límites; pero en primer lugar ya llevo demostrado por la misma doctrina del autor, que estos límites son sentidos; y además, es muy singular pretension la de otorgar á la vista la facultad de darnos idea de una extension ilimitada, y negarle la de producir idea del límite: como si por lo mismo que vemos lo extenso, no naciera la idea del límite, cuando nó de otras causas, de la misma limitacion del órgano; como si no fuera mas inconcebible la sensacion ilimitada que la limitada.