[143.] Para que no parezca tan estraña esta doctrina, y se presente mas aceptable, preguntaré si los espíritus puros poseen la ciencia geométrica; es cierto que sí, de lo contrario seria menester inferir que Dios, el autor del universo, á quien con profunda verdad se ha llamado el gran geómetra, no conoce la geometría. Ahora bien; ¿tiene Dios esas representaciones con que nosotros imaginamos la extension? nó: estas representaciones son una especie de continuacion de la sensibilidad, que no se halla en Dios; son el ejercicio del sentido interno, que no se halla en Dios. Estas son las representaciones á que llama Santo Tomás phantasmata, las cuales segun el mismo Santo Doctor, no se hallan ni en Dios, ni en ningun espíritu puro, ni aun en el alma separada del cuerpo. Luego es posible, y existe en realidad la ciencia geométrica, sin la representacion sensible: luego no hay inconveniente en distinguir dos extensiones, una fenomenal, otra real; sin que por esto se destruyan ni la realidad ni el fenómeno, con tal que se deje entre los dos la debida correspondencia; con tal que el hilo que enlaza nuestro ser con los otros seres no se rompa, poniendo en contradiccion las condiciones de nuestra naturaleza con las de los objetos que se le ofrecen (IV).

CAPÍTULO XX.

SI HAY MAGNITUDES ABSOLUTAS.

[144.] Se hará mas verosímil la doctrina que precede si se atiende á que todas las percepciones puramente intelectuales sobre la extension, se reducen al conocimiento de órden y de relaciones. A los ojos de la ciencia, ni aun geométrica, parece que nada hay absoluto: lo absoluto en todo lo tocante á la extension, es una imaginacion grosera, que la observacion de los mismos fenómenos basta á destruir.

En el órden de las apariencias, no hay ninguna magnitud absoluta, todas son relativas; ni aun nosotros nos formamos idea de una magnitud, sino con respecto á otra que nos sirve de medida. Lo que es absoluto es el número, nó la extension: la magnitud es absoluta en cuanto numerada, mas nó en sí misma. En una superficie de cuatro piés cuadrados se encierran dos ideas: el número de las partes á que se refiere, y la clase de estas partes: el número es una idea fija; pero la clase de estas partes es puramente relativa. Procuraré hacerlo sensible.

[145.] Cuando digo, una superficie de cuatro piés cuadrados, el número cuatro es una idea simple, fija, que no se altera por nada; pero cuando quiero saber lo que es el pié cuadrado, no puedo explicarlo sino por relaciones. Se me pregunta qué es un pié cuadrado, y no sé qué responder, sino apelando á la comparacion del pié cuadrado con la vara cuadrada ó con la pulgada cuadrada; pero entonces se me puede replicar qué es la pulgada cuadrada, qué es la vara cuadrada, y me veo precisado otra vez, á recurrir á otras medidas mayores ó menores, por ejemplo á millas cuadradas ó á líneas cuadradas: ¿dónde encontraré la magnitud fija? en ninguna parte. Ensayémoslo.

[146.] ¿Esta medida fija será alguna dimension de mi cuerpo? ¿la mano, el pié, el codo? pero, ¿quién no ve que las dimensiones de mi cuerpo, no son la medida universal, y que todos los hombres pudrian tener igual pretension? ¿Quién no ve que las dimensiones de un miembro, aun en un mismo individuo, están sujetas á mil mudanzas mas ó menos perceptibles? ¿se tomará por medida fija el radio de la tierra por ejemplo, ó de un cuerpo celeste? Pero, ninguna preferencia merece el uno sobre el otro. Nadie ignora que los astrónomos toman á veces por unidad el radio de la tierra, otras el de su órbita. Y además, si suponemos que estos radios hubiesen sido mayores ó menores, ¿no podríamos tomarlos igualmente por medida? el preferirlos á otros objetos, es porque los suponemos constantes; de la propia suerte que formamos las medidas de metal ó de otra materia permanente, para que no se nos alteren con facilidad.

Esas magnitudes, aun los mismos astrónomos las consideran como puramente relativas; pues que una misma la tienen por infinita ó por infinitésima, segun el punto de vista bajo el cual la consideran; el radio de la órbita terrestre es infinito, si se le compara con una pequeña desigualdad de la superficie de la tierra; y es una cantidad infinitamente pequeña, si se le compara con la distancia de las estrellas fijas.

De esas mismas medidas que consideramos constantes, no nos formamos idea sino refiriéndolas á medidas manuales: ¿qué nos representa la magnitud del radio terrestre si no sabemos en cuántos millones de metros está valuado? ¿y á su vez, qué nos representa el metro, si no le referimos á alguna cosa constante?

[147.] Hay algo absoluto en las magnitudes, se podria objetar; un pié por ejemplo, es esta longitud que vemos ó tocamos, nada mas ni menos; la superficie de una vara cuadrada es esto mismo que vemos y tocamos, nada mas ni menos; y lo mismo podríamos aplicar á los volúmenes. No hay necesidad de buscar en otra parte, lo que se nos presenta en la intuicion sensible de una manera tan clara. Esta objecion supone que en la intuicion hay algo fijo y constante, lo que es falso. Apelemos á la experiencia.