Con esta hipótesis la extension en el mundo externo es real, no solo como un principio de causalidad de nuestras impresiones, sino como un objeto sometido á las relaciones necesarias que nosotros concebimos.

[175.] Pero entonces, se preguntará, ¿el mundo externo es tal como nosotros lo imaginamos? á esto conviene responder observando que con arreglo á lo que se ha dicho al tratar de las sensaciones, es menester despojarle de lo que estas tienen de subjetivo, y que por una inocente ilusion, convertimos en objetivo; y que en cuanto á la extension, existe efectivamente fuera de nosotros, independiente de nuestras sensaciones, pero que considerada en sí misma, no tiene nada de lo que estas le atribuyen, sino lo que percibe el entendimiento puro, sin la mezcla de ninguna representacion sensible.

[176.] No parece que hay ningun inconveniente en admitir esta teoría, que á un tiempo afirma la realidad del mundo corpóreo y disipa las dificultades del mas acendrado idealismo. Para presentar en pocas palabras mi opinion diré: que la extension en sí misma, el universo todo en sí mismo, es tal como Dios lo conoce; y en el conocimiento de Dios no se mezcla ninguna de estas representaciones sensibles de que anda siempre acompañada nuestra flaca percepcion. En tal caso, lo que resta de positivo en la extension es la multiplicidad con cierto órden constante. La continuidad en sí no es mas que este órden; y en cuanto representada sensiblemente en nosotros, es un fenómeno puramente subjetivo que no afecta á la realidad.

[177.] Hasta se puede señalar una razon por que se nos haya dado la intuicion sensible. Nuestra alma está unida á un cuerpo organizado, es decir á un conjunto de seres ligados con relacion constante entre sí, y con los demás cuerpos del universo. Para que la armonía no se quebrantase y el alma que presidia la organizacion pudiese ejercer sus funciones de la manera conveniente, era necesario que tuviese una representacion continua de ese conjunto de relaciones del cuerpo propio y de los extraños. Esta representacion debia ser simultánea, é independiente de las combinaciones intelectuales; pues que sin esto no era posible el ejercicio de las facultades animales, con la prontitud y perseverancia que exige la satisfaccion de las necesidades de la vida. Por esta razon se habrá dado á todos los seres sensibles, aun á los destituidos de razon, esa intuicion de la extension ó del espacio, que viene á ser en el viviente como un campo sin límites, donde se retratan las diferentes partes del universo.

CAPÍTULO XXV.

ARMONÍA DEL ÓRDEN REAL, FENOMENAL, É IDEAL.

[178.] En el mundo externo podemos considerar dos naturalezas: una real, otra fenomenal; la primera es propia, absoluta: la segunda, es relativa al ser que percibe el fenómeno: por la primera, el mundo es; por la segunda, aparece.

Un ser intelectual puro conoce lo que el mundo es; un ser sensible experimenta lo que aparece. En nosotros mismos podemos notar esta dualidad: en cuanto sensibles, experimentamos el fenómeno: en cuanto inteligentes, ya que no conozcamos la realidad, nos esforzamos en columbrarla por medio de raciocinios y conjeturas.

[179.] El mundo externo en su naturaleza real, prescindiendo absolutamente de la fenomenal, no es una ilusion. Su existencia nos es conocida no solo por los fenómenos, sino tambien por los principios del entendimiento puro, superiores á todo lo individual y contingente. Dichos principios, apoyados un los datos de la experiencia, esto es, en las sensaciones cuya existencia nos atestigua el sentido íntimo, nos aseguran de que la objetividad de las sensaciones, ó sea la realidad de un mundo externo, es una verdad.

[180.] Esta distincion entre lo esencial y lo accidental, y entre lo absoluto y lo relativo, era conocida en las escuelas. La extension no era considerada como la esencia de los cuerpos, sino como un accidente; las relaciones de los cuerpos con nuestros sentidos, no se fundaban inmediatamente en la esencia, sino en los accidentes. La esencia de los cuerpos, la constituian la materia y la forma substancial unidas: la materia recibiendo la forma, y la forma actuando la materia. Ni la materia ni la forma substancial eran inmediatamente perceptibles para el sentido, pues que esta percepcion necesitaba la determinacion de la figura y otros accidentes, distintos de la esencia del cuerpo.