Es decir: que nos basta que una de las tres primeras proposiciones sea falsa, para que el incrédulo no pueda dar un paso.

[256.] Quien acometiese la empresa de probar las tres proposiciones, no solo podria estar seguro de no alcanzar su objeto, sino que con solo intentarlo, manifestaria que no ha meditado sobre los fenómenos de la sensibilidad, ni posee sobre estas materias mas filosofía, que las nociones del vulgo. No es necesario ser filósofo, basta haber adquirido una ligera instruccion filosófica, para saber que una empresa semejante supone completa ignorancia de la historia de la filosofía. Como quiera, no necesito insistir sobre este punto, porque tengo ya largamente ventiladas estas cuestiones, en los dos libros de que se compone el tomo presente.

[257.] La solucion anterior podria bastar para desvanecer satisfactoriamente la dificultad fundada en el modo particular con que un cuerpo está sin las condiciones de extension á que vemos sometidos los otros: porque desde el momento que se supone suspendida la correspondencia de un cuerpo con nuestros sentidos, como estos son el único conducto que nos informa de lo que pasa en lo exterior, no podemos afirmar que se verifique ningun absurdo en cosa de que no tenemos experiencia. Para percibir la extension, necesitamos sentirla; luego no podemos decir nada relativo á la extension sobre un objeto que no sentimos. Pero aunque esta respuesta podria atajar el curso de las objeciones, no quiero limitarme á ella.

[258.] ¿Qué es la extension? en la realidad es un conjunto de relaciones de los seres que entran en la composicion de lo extenso. Estas relaciones no son intrínsecamente necesarias, como llevo manifestado; luego Dios puede alterarlas. Resulta de esto que la cuestion viene á parar al mismo punto que la anterior: ¿puede la omnipotencia divina suspender, ó alterar, ó quitar del todo, relaciones que no sean necesarias con necesidad intrínseca? es evidente que sí. La dificultad pues, no está en lo que ha podido ser, sino en lo que es: otra vez nos hallamos fuera del terreno de la filosofía, en el campo de los hechos, ó sea en el exámen de los motivos de credibilidad.

[259.] El otro argumento, sobre hallarse un cuerpo á un mismo tiempo en muchos lugares, aunque en apariencia mas fuerte, se reduce en el fondo á lo mismo que el anterior. Estar en un lugar tal como lo entendemos ahora, es hallarse con la extension propia, en la forma ordinaria, y con las relaciones ordinarias tambien, con respecto á la extension de otros cuerpos. Si se supone un cuerpo con la extension sometida á otras condiciones, sin la relacion ordinaria á la extension de los demás; falta el supuesto en que hacemos estribar la imposibilidad de estar un cuerpo á un mismo tiempo en muchos lugares; luego habiendo probado que la omnipotencia divina puede alterar y hasta quitar estas relaciones, no hay ninguna contradiccion en que falte lo que de ellas debia resultar.

[260.] Y hé aquí cómo las distinciones de los escolásticos entre las dos clases de extension: in ordine ad se, et in ordine ad locum, y la manera cuantitativa y la sacramental, que á los ojos de una filosofía ligera podian parecer sutilezas vanas, excogitadas para eludir la dificultad, eran observaciones profundas que el análisis de la realidad y del fenómeno en el órden sensible, vienen á confirmar. Y no quiero decir con esto que al darse en las escuelas las distinciones expresadas, se comprendiera siempre perfectamente, toda la verdad, toda la delicadeza filosófica que ellas encerraban; ni que se las acompañase de todo el exámen analítico de que eran susceptibles; prescindo ahora del mérito de los hombres, y miro únicamente al fondo de las cosas; pero cuanto menor se quisiera suponer la inteligencia filosófica en los que las empleaban, tanto mas admirable se nos presenta esa augusta religion que inspira á sus defensores pensamientos fecundos, que los siglos venideros pueden desarrollar. Las escuelas filosóficas disputaban vivamente sobre la extension, sobre los accidentes, sobre las facultades sensitivas; el dogma católico enseñaba una verdad contraria á todas las apariencias: esto equivalia á estimular para que se examinase mas profundamente la distancia del fenómeno á la realidad; la diferencia entre lo contingente y lo necesario: el augusto misterio pesaba sobre la filosofía suscitando cuestiones que probablemente no se hubieran ofrecido jamás al entendimiento del hombre.

[261.] Con profunda verdad dijo Bacon de Verulamio que poca filosofía aparta de la religion y que mucha filosofía conduce á ella; un estudio detenido de las dificultades que se objetan al cristianismo manifiesta una verdad, que además está confirmada por la historia de diez y ocho siglos: las dificultades contra la religion católica, cuando se presentan muy graves, lejos de probar nada contra ella, encierran alguna prueba que la confirma mas y mas; el secreto para que esta prueba se manifieste, es esforzar la dificultad misma, y examinarla profundamente bajo todos sus aspectos. El pecado original es un misterio, pero este misterio explica el mundo entero; la Encarnacion es un misterio, pero este misterio explica las tradiciones del humano linaje; la fe está llena de misterios, pero esta fe satisface una de las mas grandes necesidades de la razon; la historia de la creacion es un misterio, pero este misterio esclarece el caos, alumbra el mundo, descifra la historia de la humanidad; todo el cristianismo es un conjunto de misterios, pero esos misterios se enlazan por ocultos senderos, con todo lo que hay de profundo, de grande, de sublime, de bello, de tierno en el cielo y en la tierra; se enlazan con el individuo, con la familia, con la sociedad, con Dios, con el entendimiento, con el corazon, con las lenguas, con la ciencia, con el arte. El investigador que no se acuerda de la religion, y que tal vez busca medios para combatirla, la encuentra en la entrada y en la salida de los caminos misteriosos, junto á la cuna del niño, como al umbral de los sepulcros, en el tiempo como en la eternidad, explicándolo todo con una palabra, arrostrando impasible los despropósitos de la ignorancia y los sarcasmos del incrédulo, y esperando tranquila que el curso de los siglos venga á dar la razon, al que para tenerla no necesitaba que los siglos comenzaran á correr.

CAPÍTULO XXXIV.

CONCLUSION Y RESÚMEN.

[262.] Antes de comenzar el tratado sobre las ideas, fijémonos todavía algunos momentos en el orígen y carácter de las que tenemos sobre la extension; lo cual contribuirá á que se eche de ver el fruto recogido en las investigaciones precedentes, y nos preparará el camino para las sucesivas.