La fecundidad científica que tiene en nuestro espíritu esta idea, prueba la distancia que va de la impresion sensible, á la percepcion intelectual. No sabemos, ni podemos saber, si esta idea con todo su grandor y fecundidad, existia en nuestro espíritu antes de recibir la impresion sensible: si existia, no teníamos conciencia de ella; bajo este concepto, el decir que es una idea innata, es aventurar una proposicion sin prueba; pero no lo es el afirmar que hay dos órdenes de fenómenos internos totalmente distintos; que la sensacion no ha podido producir la idea; que esta idea es inmensamente superior á la impresion externa, y aun á la intuicion interna sensitiva; y que por tanto, si no existia antes en el espíritu, tampoco ha podido nacer de la sensacion, como un efecto de su causa.
[263.] Y hénos aquí haciendo un tránsito importante del órden de las sensaciones al órden de las ideas; hénos aquí descubriendo en nuestro espíritu un nuevo género de hechos. Poco importa que estos hechos preexistiesen á la impresion, ó sean resultado de la presencia de la impresion. En el primer caso vemos en el espíritu un depósito de gérmenes, que para desarrollarse, solo necesitaban el calor de la vida; en el segundo, hallamos en el espíritu una fecundidad productiva de esos mismos gérmenes. En ambos encontramos un ser privilegiado en la naturaleza; un ser grande, que de un golpe se eleva sobre la region de la materia, y que excitado por las impresiones exteriores, dispierta para una vida que no cabe en este mismo mundo, que le acaba de dispertar.
[264.] En este sentido pues, hay ideas innatas; ideas que no han podido dimanar de las sensaciones. En este sentido todas las ideas generales y necesarias son innatas; porque ninguna de ellas ha podido dimanar de la sensacion. Toda sensacion no es mas que un fenómeno, un hecho particular, contingente; incapaz por lo mismo de producir las ideas generales, las ideas de las relaciones necesarias de los seres. La vista, ó la representacion imaginaria de un triángulo, es un fenómeno contingente, que nada nos dice sobre las relaciones necesarias de los lados y de los ángulos entre sí. Para llegar á percibir estas relaciones, esta necesidad, se requiere algo mas; ese algo mas, llamadle ideas innatas, fuerza, fecundidad, actividad del espíritu, ó como querais: lo cierto es que existe, que no ha podido nacer de la sensacion, y que pertenece á un órden totalmente distinto de los fenómenos sensibles, inmensamente superior.
[265.] Despues de tan dilatadas investigaciones sobre los fenómenos de la sensacion, hemos llegado por fin á encontrar una idea, la de la extension: idea luminosa, fundamento de la geometría, y de todas sus aplicaciones á las leyes de la naturaleza.
Parece pues que el espíritu humano, para todas sus relaciones con el mundo material, tiene una idea matriz: la de la extension. Esta, modificada de infinitas maneras, da orígen á todas las ciencias que tienen por objeto la materia. En esa idea se liga todo lo material; de ella dimana todo conocimiento de lo material. Ella es una cosa pura, con sus relaciones necesarias, con sus ramificaciones necesarias tambien; es como una luz que ha sido dada al rey de la creacion, para conocer y admirar los prodigios de la naturaleza.
[266.] Esta asombrosa simplicidad en tan complicada multiplicidad, la encontraremos tambien en otro órden de ideas; y de aquí inferiremos, que todo el edificio de las ciencias, todos los conocimientos humanos, se fundan en un pequeño número de ideas matrices: quizás en dos solas. Son estas ideas, nó representaciones sensibles, sino objeto de intuiciones puras; no se pueden descomponer, pero se pueden aplicar á infinitas cosas; no se explican con palabras, como un conjunto que comprende varios conceptos: la palabra con respecto á ellas, no ha de ser mas que una especie de excitante, con que un espíritu obra sobre otro espíritu, nó para enseñarle una cosa, sino para hacerle concentrar en sí mismo, para que note que la tiene ya dentro de sí, y aprenda en cierto modo lo que ya sabe.
Tratad de explicar la CAPÍTULO: la idea, por la cual percibimos ese órden que no acertamos á expresar en palabras, pero sobre el que fundamos la experiencia sensible, y la ciencia geométrica, los términos os faltan: «unas partes fuera de otras;» decis; pero ¿qué son partes, y qué es dentro y fuera, si no teneis la idea de extension? Señalad una cosa extensa: haced que el espíritu á quien os dirigís, se concentre, y ejerza su accion generalizadora. ¿Este triángulo es ese cuadrilátero? nó ¿Son ambos extensos? sí. ¿Esta superficie es ese volúmen? nó. ¿Son ambos extensos? sí. ¿Todos los triángulos son diferentes de los cuadriláteros? sí. ¿Todas las superficies, todos los volúmenes tienen extension? sí. ¿Cómo habeis pasado de un hecho á todos? ¿de lo contingente á lo necesario? ¿Habeis explicado lo que es la extension? nó. ¿Habeis explicado en qué convienen esas cosas diferentes entre sí? nó. Lo que habeis hecho pues, no ha sido mas que excitar la actividad del espíritu, hacerle dirigir la atencion hácia la idea general de extension, y esta idea él la aplica á varias cosas diferentes y las encuentra que convienen; y las distintas modificaciones de ella, las aplica á varias cosas que convienen, y las encuentra diferentes. No le habeis enseñado pues verdades geométricas, las habeis despertado en su espíritu; ó preexistian en él ó tenia la facultad de producirlas.
[267.] Recojamos ahora el resultado de las investigaciones hechas hasta aquí. No doy igual valor á todas las proposiciones que siguen: en los respectivos lugares llevo explicada mi opinion sobre ellas, pero considero útil el presentarlas en resúmen, para facilitar la inteligencia y auxiliar la memoria.
1. Hay certeza inmediata de nuestras relaciones con seres distintos de nosotros.
2. Hay certeza de la existencia de un mundo externo.