—¡De donde haiga, pues!... ¡Pucha que había sido lerdo!...
LANZA SECA
Profundamente abatido, Ponciano resistió aún:
—¡No Nerea!... Eso no; ¿pa qué comprometerme al ñudo?... ¿Tenés ganas de comer una ternera gorda?... Yo tengo muchas en mi rodeo y no viá dir a carniar la ternerita blanca del vasco Anselmo, exponiéndome a un disgusto...
—¡Compraselá!
—Ya te dije que no quiere venderla.
—Robaselá, entonces...
Y luego, con esa expresión de insolente fiereza que sólo saben tener las mujeres, exclamó:
—¡No ha de ser el primer zorro que desollés!...