—¡Correntino bagual!...
—¿Por qué?... Los años que uno ha vivido y las deudas que ha hecho, nunca se deben contar. ¿Pa qué?... Contándolos, ni los años ni las deudas se borran...
—¿Y usté, don Eulalio nunca cuenta sus años?
—¿Pa qué?... Ni siquiera he contao nunca la plata que siempre se jué de mi bolsillo al cajón del pulpero.
—¿Y las deudas?...
—¡Avisá!... ¿Qué paisano es capaz de contar las estrellas?...
—¿Tiene muchas?
—¡Como mucho!... Si cada una juese un novillo, no caberían en los campos que supieron tener los Anchorenas... ¡Alcanzá el porrón!... ¡Se apagó el candil!...
—¿Y el cuento?
—¿Qué cuento?