—No; pero al mentarla nomás se me ladea el recao.
—Bueno y ¿va largar?
—¡Esperate!... ¿Vos no sabés que a parejero viejo hay que calentarlo en partidas pa desentumirle las tabas?... ¡Qué vas a saber!... Los muchachos de áura parece que nacieran casaos, con suegra y todo y son más inorantes que un dotor de la ciudá... Allá en el tiempo de antes, cuando yo encomenzaba a echar los cormillos... ¿Che vos, Atañasio, vos te debés di acordar?
—¡Hum!
—Vos debés ser del año... ¿De qué año sos vos?
—¡Hum!... No... mi... a... cuerdo...
—¡Dejuro! Es negro Atañasio: los negros son igual que los yatays; como nadie los planta no pueden saber cuándo nacieron ni cuántos años tienen.
—¿Nunca contastes los años que tenés?
—Hum... Nunca no conté, no...