—Dos diez pa principio... ¿Es poco?... Primero se enciende el juego con charamusca; dispués s'echan los ñandubayses...
—Poca pulpa, pa tanto hambriento,—objetó uno de los presentes; y el viejo, revolviendo el naipe, respondió:
—No te apurés, muchacho; es el churrasco p'abrir l'apetito; en dispués vendrán los costillares. ¿Qué le parece don?—agregó dirigiéndose al forastero.
—Me parece que el churrasco es ruin.
Y como en ese momento el viejo había dado vuelta un tres y un siete:
—Copo al siete,—dijo.
—Me doy güelta por el siete... y con mucho cuidao, porque le tomo mal olor al apunte... Sota... Un cuatro bagual... ¿De qu'es su siete? ¿De oro?... Aquí viene un martillo... Y pinta raya corrida... ¡Si se rumpe la achura!... ¡Se le rompió aparcero!... ¡El tres de copas!...
—Está bien,—respondió sereno el mozo y puso los siete pesos de la apuesta. Don Bonifacio siguió mezclando las cartas.
—¿Vicio, don?... Si agrandó la nidada. Est'es churrasco 'e bofe: cuanti más se cocina más s'infla.