—¡Hiciste bien!—exclamó ella colgándose del cuello.—¡Dame un beso!...

—¡Tomá tuitos los que quieras, mi Bebé querida!... Pa vos, mi boca es un manantial de besos y no tengás miedo de que se agote…...

En ese momento, y como asociándose al banquete amoroso, un «cimarrón», encerrado en pequeñísima jaula, rompió en un redoble orgulloso.

—¡Mi Chichí!—exclamó conmovido el trovador.—Traemeló, prenda... Tanto te quiero a vos que me olvidé del pajarito a quien quiero tanto!...

La cena iniciada alegremente fué interrumpida por la llegada bulliciosa de la policía…...


Con cuatro años de cárcel tuvo que pagar Floro su noble gesto de justiciero. Al regreso encontró que todo estaba igual: el nido, los claveles del aire que vivían en los talas y los fraganciosos claveles que Bebé cuidaba con esmero en los tiestos, bajo el alero del rancho.

Todo estaba igual, hasta Bebé, idéntica en su cariño, aunque algo ofendida la tersura del rostro y el brillo de los ojos, por tanto sufrir y tanto llorar.

Todo estaba igual; el cimarroncito, dorado como una pepita de oro, rompió a cantar, más armonioso y sentido, cual si en la ausencia del buen amo se hubiese empeñado en perfeccionar su arte.

—¡Mi pobrecito amigo!—exclamó el trovador, sacando de la jaula diminuta a su émulo. Lo besó en la cabecita, en los ojos inteligentes, en el piquito sonoro, y luego, abriendo la mano exclamó: