—Dejuro... ¡hace más de un mes que no como almibara!...
—Chupá, que tuito el camuatí es tuyo...
—Contame cómo te jué.
—Lindazo... Mejor que nunca. Fijate que anoche, cuando estaba cantando en la pulpería de Fernández aquel estilo que a vos te gusta tanto: «Será muy linda la Uropa,—será muy sabia su gente»… un paisano viejo, con los ojos llenitos de agua, se abrió cancha entre el genterío pa venir a abrazarme, tuvo la disgracia de darle un pisotón al sargento, y el sargento le acomodó un mangazo por la cabeza y lo largó contra el suelo.
—¡Qué bruto!...
—Eso mismo dije yo y le sumí la daga en la panza del indino.
—¡Ay, Floro, lo que has hecho!...
—Una güena asión.
—¡Pero te van a prender!
—¿Por qué? Yo no tengo delito. ¡Sería güeno que lo metiesen en la cárcel a quien apuñalea un perro que lo agarra a tarascones a un pobre viejo!... ¿Hice mal?...