¡No! ¡El viejo antipático era todo un sabio!
Y estaba al tanto de la ciencia moderna y de los últimos descubrimientos.
Sobre todo, los rayos X le entusiasmaban. Pero sus entusiasmos concluían por unas sonrisas que hacían daño. No sé por qué, pero hacían daño.
Si el viaje dura más, yo le estrangulo. Mejor hubiera sido.
Aquí faltaban algunas cuartillas.
III
Para algo han servido el choque y el descarrilamiento.
Ya voy solo. Pobre hombre, murió aplastado. ¡Lo inverosímil!
Ahora que pienso en él, me da lástima; quizás fuese una buena persona.
Al morir me miró con cierta ternura: me alargó los anteojos y me dijo: «Tome usted, tome usted; le declaro mi heredero.»