Rosa.

Sí, señora, lo veo; estoy conforme con usté; ¡es ya demasiáo!

Isidra.

Naturalmente.

Rosa.

¡Y no aguanto más!... ¡Ea, que no!... Si Juan José no cambia de genio, si no halla trabajo, si él y todos siguen mortificándome con el otro, yo sé lo que tengo que hacer.

Isidra.

¡Cambiar de genio!... ¡Sí, sí! ¡Otro gallo te cantaría! ¿Te crees que si le hubiese habláo á Paco y se hubiera rebajáo unas miajas con él, Paco le hubiese echáo de la obra? De ningún modo. Paco no es malo; ¡que va á serlo! tiene un corazón de oro, y respetive á tí, descolgaría la luna del cielo por complacerte.

Rosa.

¿Él?...