Rosa.

No hables así.

Juan José.

(Á Isidra.) ¿Imagina usté que ando ignorante de sus manejos? Pues estoy al cabo de la calle. Tan enteráo vivo de lo que Paco trata con usté, como de lo que usté viene á hacer á mi casa.

Isidra.

Te equivocas; te juro que...

Juan José.

No jure usté en falso. Usté se ha conchaváo con el otro pa engañarme á mí, pa convencer á ésta. Y la ocasión no es mala. ¡Saben ustées que estamos en las últimas, que la desgracia nos tiene apretáos por el cuello, y se piensan que ella cederá, que yo bajaré la cabeza, porque el hambre es mal consejero del querer, y la miseria mala compañera de la honra; se figuran ustées eso, y él se achanta y espera, mientras usté le ayuda y viene á robarnos lo único que nos ha quedáo, un poco de cariño!... Pues se equivoca él y se equivoca usté. No sé cuál es ó cuál será el sentir de Rosa; el mío... Hay algo que me hará vender el hambre, la vergüenza.

Isidra.

(Á Rosa.) ¿Ves que mal pensáo, hija?... (Á Juan José.) ¿Me tienes por capaz de favorecer á ésta con mala intención?... (Como indignada y sorprendida.) ¡Jesús, María y José!... No estás en tus cabales.