Toñuela.
Sí.
Andrés.
Pues vamos á casa de madre. Gracias á que vive cerquita, si no, íbamos á quedarnos acarameláos en el camino. ¡Cae una heláa, superior!... De modo, que nos embaulamos la cena y á casa corriendo, á meterse en la cama, que es donde nos abrigamos en invierno los pobres. La suerte es muy sabia. ¿No nos da dinero pa carbón? Pues nos da lo justo pa comprarnos camas estrechas, muy estrechas, y váyase lo uno por lo otro.
Rosa.
(Sollozando.) ¡No; no lo sufro!...
Andrés.
(Á Rosa.) ¡Bah, chica, nubes de verano!... Lo que habrá pensáo Juan José: á falta de pan, buenas son tortas.
Juan José.
(Aparte.) Rosa tiene razón; la tiene. Así no se puede seguir.