Cano.
Aunque lo supiera, no te lo contaría. Que te lo cuente él si le da la gana. Lo que sí te digo, es que le aprecio; y he de hacer lo que puéa por él. (Como respondiendo á sus pensamientos.) Esta noche salimos juntos en la condución, y nos toca ir apareáos. ¡Como él quiera...!
Presidiario.
(Con curiosidad.) ¿Qué?...
Cano.
(Con mal gesto.) ¡Á tí qué te importa! ¡Déjame en paz!
Presidiario.
(Con tono sumiso.) ¡Bueno, hombre! (Mirando hacia la derecha.) Miá por aonde viene. Sin fijarse en na, con los ojos claváos en las baldosas y los brazos cruzáos. Se encamina pa aquí.
Cano.
Pues alivia, que necesito hablar con él y quiero estar solo. (Con imperio. Entra Juan José por la derecha en actitud reconcentrada y triste, y se dirige hacia donde está el Cano sin reparar en él. El Presidiario sale por la rompiente de la izquierda.)