Presidiario.

¡Buen golpe fué! ¡Lo espaletilló!

Cano.

Y luego al otro, al Churro, que se le venía dando voces y haciendo esplantes y ratimagos con la cuchara... De poco le sirvieron. Juan José le tendió la zarpa, le trincó, así, por la muñeca, y salieron por un láo el Churro, y la cuchara por el otro... ¡Inútil le ha dejáo pa unos días!... ¡Na, que es un bravo! ¡Desde entonces, le miran con un lente!

Presidiario.

Y desde entonces no ha vuelto á meterse con nadie. Sigue como cuando bajó: huraño, calláo y sin que un alma le saque las palabras del cuerpo. Contigo es con el único con quien se franquea unas miajas.

Cano.

Porque es agradecío, y no olvida lo que yo quise hacer por él.

Presidiario.

¿Te ha contáo los motivos de su desgracia? (El Cano hace con la mano el movimiento de robar.) Un robo, corriente; pero antes del robo, ha de haber una historia mu negra. Él está mu preocupáo. ¿Tú no sabes?...