Juan José.

(Con angustia y como aterrado por las palabras que acaba de decir el Cano.) ¡Oh!...

Cano.

La noche que robaste á un hombre, tomaste en tu mundo, en el mundo de las personas honrás, billete pa otro mundo distinto: el nuestro. En estos viajes no hay billete de vuelta.

Juan José.

¡No; no digas eso; porque me da horror escucharte!... ¡Yo!...

Cano.

¡Tóo es hasta que uno se acostumbra! ¡Luego se hace á ello el garlochí, y en paz!

Juan José.

¿Pero tú hablas de veras? ¿Crees lo que piensas? ¿Estás seguro de que todo ha acabáo pa mí?