ESCENA V

JUAN JOSÉ, solo.

Juan José.

(Con desesperación.) ¡Con Paco!... ¡Y no hay duda!... No la puede haber. Tengo la prueba; ¡y está escrita!... La tengo aquí, ¡aquí!... (Mirando la carta que conserva en la mano. Desdobla la carta.) ¡Aquí es donde pone: Rosa vive con Paco!... (Recorre la carta con los ojos.) Lo pone, sí; pero, ¿dónde lo pone?... ¿En qué cara?... ¿En qué sitio? (Revolviendo la carta en todos sentidos.) ¿Será en este?... ¿Será más arriba?... (Con amargura desesperada.) ¡No sé! (Con sarcasmo doloroso.) Parece que estos garrapatos malditos juegan al esconder con mi pesadumbre, y me dicen: Aquí está eso de que Paco vive con Rosa; pero, ¿á que no sabes en dónde está?... ¿Á que no lo encuentras?... (Con angustia y cólera.) ¡Y no lo encuentro! (Con profunda amargura.) ¡Dios mío, qué desgracia tan grande la de los que nacen como yo!... ¡Ni á leer aprenden! No les enseñan; y cuando llega un instante así, en que con cuatro rayas de tinta le tiran á uno el mundo sobre la cabeza, se ve uno priváo hasta del último consuelo, del único que le queda ya: ¡Buscar esos renglones y tragárselos con los ojos, y apretujarlos con los déos, y atravesarlos con los dientes!... ¡Con qué placer retorcería yo, y mordería yo esas cuatro palabras: «Rosa vive con Paco»! ¡nada más que esas! ¡Esas solas!... ¡Y no puedo!... ¡No puedo! ¡No puedo más que estrujar la carta al tun tun, como si todo fuera igual, el cariño de Andrés y la infamia de Rosa; la firma del amigo y la traición de la mujer!... ¡No es eso; no es eso lo que deseo yo!... ¡Es un renglón solo el que necesito, el que quiero estrujar y morder, y romper en tantos pedazos como pedazos me ha hecho el alma!... ¡Y no sé cuál es; no lo sé; no sé dónde está!... (Después una pausa.) ¡Ella con Paco!... ¡Rosa, mi Rosa de otro! ¡del hombre á quien aborrezco más en el mundo!... (Con profunda pena, y rompiendo en sollozos. Con ira.) ¡Y lloro!... Los hombres no lloran; se desquitan. (Con energía rencorosa. Con sarcasmo.) Ellos dirán: «Tiene pa mucho tiempo; pa ocho años; después veremos. ¡Á gozar, mientras él padece!» ¡Cómo se reirán de mí!... (Con expresión de odio y acento de venganza.) ¡No se reirán mucho; lo juro por todo el odio que les tengo!... El Cano me ha dicho que esta noche podemos escaparnos... ¡Conformes! Esta noche, ó caeré muerto en la carretera de un tiro, ó estaré libre; y si estoy libre, reimos todos... (Con acento sombrío.) ¡Todos!... ¡Ellos, y yo!... (Entra el Cano por la derecha.)

ESCENA VI

JUAN JOSÉ y EL CANO

Cano.

Ya estoy aquí de vuelta.

Juan José.

Me alegro, porque me corría prisa hablarte. ¿Estás seguro de que nos podemos escapar esta noche?