Isidra.

Pues, hija, á mí por bueno me lo dieron. Ya ves, dos pesetas.

Rosa.

Es rematáo. Tráigame usté mañana una caja del otro; aquel blanco que huele tan bien. ¿Y mis sortijas?... ¡Aquí están! (Sacando tres ó cuatro sortijas de un joyero que habrá encima del velador.) Voy á decirle á Paco que me compre un ajustador, porque ésta me viene ancha. (Una de las sortijas, las cuales se habrá ido poniendo mientras habla.)

Isidra.

(Cogiendo la mano de Rosa que se habrá acercado á ella para enseñarle las sortijas.) ¡Y qué hermosa es!... No se cansa una de mirarla. ¡Vaya unas luces!

Rosa.

Cien duros costó.

Isidra.

Cuéntamelo á mí que fuí á comprártela con Paco. Miá que está enamoráo. No hay gasto que le paezca grande siendo pa tu persona.