ESCENA IV

ROSA; al final JUAN JOSÉ

Rosa.

(Acabando de abrocharse la blusa delante del espejo.) Ya está. Ahora, un pañuelillo de seda al cuello. (Se dirige al tocador, abre un cajón y hace como que busca en él; luego, saca un pañuelo.) Éste. (Doblando el pañuelo y anudándoselo á la garganta.) ¿Con qué lo sujeto?... Con el alfiler de oro. (Coge un alfiler de oro del joyero y se dirige al armario de luna, donde acaba de arreglarse el pañuelo.) Con esto, sobra pa que rabien de envidia la Indalecia y la Antonia... ¡La verdá es, que no hay dos como Paco! (Con alegría.) ¡Esto es vivir á gusto!... (Entra por la puerta del fondo Juan José.)

Juan José.

(Desde el fondo.) ¡Por fin!...

Rosa.

¡Entran!... (Sin volver la cabeza.) ¿Eres tú?

Juan José.

(Avanzando con calma siniestra.) ¡Sí, yo! No el que tú esperabas; pero soy yo. (Rosa levanta los ojos y ve reflejarse en la luna del espejo la figura de Juan José.)