¡Qué sabes tú!
Andrés.
Más que tú, que no sabes lo que te pescas porque estás enceláo.
Juan José.
Sí lo estoy, Andrés, y la sangre se me enciende en el cuerpo cuando imagino que Rosa puede dejarme de querer.
Andrés.
¿Y quién te manda imaginarlo?
Juan José.
¡Qué se yo!... Es una idea que se me ha ido metiendo aquí dentro (Señalando la frente.) poco á poco, pero con fuerza, igual que si me la hubiesen claváo á martillazos; y no puedo deshacerme de ella, y me martiriza, y me azuza, y me tiene como sobre carbones encendíos.
Andrés.