Mientras que les dura el palmito. Cuando éste se acaba, ¿qué es de ellas? Ni los perros las quieren.

Isidra.

¡Qué sabes tú!...

Toñuela.

¡Quiá!... Prefiero sujetarme á mi Andrés y sufrir su pobreza, y aguantar su genio, á pasar lo que pasan otras, y llegar á vieja, y verme como usté se ve, sola y sin la calor de nadie.

Isidra.

¿Y por qué me veo yo así?... Por tonta y por no llevarme de buenos consejos... Y si no, anda, fíate de los hombres; quiérelos por ellos, pasa por ellos fatigas, y penas, y disgustos... ya verás qué pago te dan.

Rosa.

(Á Toñuela.) En eso tiene razón la señá Isidra. Te afanas por un hombre, pasas con él tu juventud, te aperreas por él, y el día menos pensáo se cansa de tí, te pone en la del rey, y si te he visto no me acuerdo. Ahí está lo que ocurre.

Toñuela.