Pero no quieres, y acaso, cuando vayas á acordarte de él, se haya él olvidáo hasta del santo de tu nombre.
Rosa.
¡Quiá! Paco será el mismo de hoy, mientras á mí me dé la gana. No me gusta presumir, ni echar plantas, pero sépalo usté; así, mal vestida, y con esta facha, y sin dármelas de farolera, donde estuviera Paco, y mi cuerpo se presentase, no habría más que una ama: yo.
Isidra.
(Con cariño.) ¡Vanidosa! (Se escucha en la habitación de la derecha el rasgueo de una guitarra acompañada con palmadas y taconazos.)
Rosa.
¿Hay música ahí dentro?... (Una voz de hombre entona dentro la salida de una malagueña.)
Isidra.
Es...
Rosa.