"Un pardo amigo mio me contó tambien que en su bandera tienen escrita esta divisa: "Igualdad ante la lei e instruccion para la raza oscura." Que tres hombres humildísimos por su condicion i por su oficio encabezaban la rebelion: el labrador Pimienta, el dentista Dodge i otro artesano cuyo nombre supuesto si mal no recuerdo es Plácido. Segun entiendo este último maneja el timon de la conspiracion. Ignoro si es pardo o blanco; pero lo cierto es que sus versos son un clarin de guerra que inspiran a todos admiracion, i a los negros un frenético entusiasmo. Impresos o manuscritos en hojas sueltas de papel circulan de mano en mano, como las valiosas monedas con las que ha de rescatarse la libertad............

Le fué imposible a Manfredo continuar la lectura, a pesar del ahinco con que leia la carta i de la ansiedad con que se le escuchaba. Berta que estaba apoyada con las manos entrelazadas en el hombro de su padre, inclinó la frente sobre las manos i las bañó con sus lágrimas. Manfredo volvió el rostro sorprendido, como interpelando con la mirada las lágrimas de su hija.

El nombre de Plácido habia atravesado el alma de Berta como la fria hoja de un puñal. Tenia el mismo nombre que el tributario de las flores de su ventana; era tambien poeta. Es indudable que el conspirador era el amante, i talvez el amante sea víctima de la rebelion. Juró morir si cosechaba un desengaño lejos de recojer una esperanza de amor; hé ahí las ideas que nublaban el pensamiento i angustiaban el corazon de esa mujer. El grito de su conciencia atribulada le decia: "¡si muere, tu eres culpable de su muerte!..." I sin embargo, el dia de sus bodas se aproximaba ya. ¡Martirio horrible!.. ¡Amar a un hombre i tener que encadenarse a otro! ¡ser ya tarde para entregar el alma a quien supo adueñarse de ella! ¡Saber que estaba lejos! ¡Imajinárselo envuelto en los horrores de la guerra! ¡Cuántos combates ocultos se trababan en las profundidades de ese corazon!

Raquel a su turno doblegada de dolor lloraba sin consuelo, alzando a cada momento los ojos con una mirada que parecia una plegaria i murmurando a cada instante: ¡pobre Gabriel!

Arturo ciego de lo ocurrido i vendado por su próxima felicidad, se limitaba a prodigar sus consuelos a la madre i a la hija.—Manfredo paralizado al principio, se redujo a repetir con cierta impaciente gravedad: ¿temen Uds. por la suerte de Gabriel? ¿lloran por él? ¿I a qué, Dios santo, anticipar esos temores?

Continuó la lectura:

"......Todo el mundo lo compara señor, a ese poeta i conspirador Plácido con el mulato Ogier, primera víctima de la sublevacion de Haití.

"El tribunal dicen que está mui dividido, porque, aun en ese nido de panteras, hai seres humanos, cuyas manos tiemblan de dar sentencias sangrientas contra la inocencia i la justicia. Se han dictado sin embargo tres mil sentencias contra individuos de color. Pero ante la injusticia aun los verdugos vacilan. Hai tan poca imparcialidad i legalidad contra los conspirados, que algunos fiscales han sido castigados por la autoridad; dos han fugado i dos se han suicidado.—El mismo secretario del tribunal, don Pedro Zalazar ha sido condenado a presidio.

"Estremece la naturaleza tanto horror. ¡Dios nos asista! ¡Que tantos torrentes de sangre no sean estériles! Hé ahí señor los votos del desvalido camarero de su casa que vé el martirio de su patria, como el ave desalada que a pesar de sus violentos impulsos no puede alzar el vuelo, i que solo vive suspirando en el aislamiento i el silencio por la ausencia en que está de Ud. i de su querida familia.

"Desespero, señor, por volver a su lado i a la vez me llora sangre el corazon al ver escarnecida esta vírjen de la que hemos nacido i en cuyo seno vivimos.