Gabriel entonces restregó a dos manos el pecho como para desgarrarlo i alzando los ojos, esclamó:
—¡Silencio corazon!.....
Berta entretanto yacia tendida sobre el umbral de la capilla. Cayó exánime i helada.
Plácido partió. Encaminóse al cadalzo, que estaba situado en la esplanada del paseo de Versalles, partió en medio de dos hileras de soldados, al son de los tambores, con la cabeza inclinada i los brazos cruzados sobre el pecho. Un sacerdote murmura a su lado las oraciones de la agonía. El pueblo gritaba i sollozaba a la vez. El reo caminaba a paso lento, recitando la plegaria que dijo en la capilla. La luz instantánea de los relámpagos, alumbraba su rostro.
Cuando llegó al pié del cadalzo sacó una hoja de papel empapada con sus lágrimas que contenia estas palabras i estos versos, i la arrojó a la multitud.
"Mi Berta:
No te entregues al dolor: el llanto que te pido a mi memoria es que socorras como siempre a los pobres; i mi sombra estará esperándote desde el cielo ¡digna de ser compañera de tu Plácido!"
ADIOS A MI LIRA.
(en el calabozo)
¡Adios, mi lira! a Dios encomendada
Quedas de hoi mas; ¡adios! ¡yo te bendigo!