—¿Pensará en mí?.... ¡Ah! ¡soi jóven, bello, rico i aristocrático! ¿Por qué no alcanzaré su mano? murmuraba levemente, recorriendo con sus miradas en torno suyo.
Berta, entre tanto, acababa de encontrar sobre la ventana de su cuarto, que daba a la calle, un tesoro de amor, la reliquia del corazon de un hombre que para colocarla ahí se recató tímidamente entre las sombras de la noche i del misterio..
¿Cual era esa reliquia? Los siguientes versos i la siguiente carta firmadas con el seudónimo de Plácido i entreocultos dentro de un ramillete de flores.
La carta decia literalmente así:
«Berta:
En vano he luchado por ahogar en lo mas íntimo los latidos de mi corazon, que ansia por hablarte. ¡Pero imposible Berta! te amo, i en mi delirio te mando esas flores; que en ese alfabeto perfumado descifres las espresiones salidas del amor.
En mi silencio pensé arrojar rota mi lira, musa querida de mis castos amores, pero una secreta esperanza la hace sonar ahora.
¡Oh! ¡Si yo supiera que esas humildes flores fuesen la almohada de tus celestes ensueños o se refrescasen en la dorada enredadera de tus cabellos! ¡si yo supiera que la melodía de esos versos pasaban murmurando por tus labios o recalando tu oido i te recordáran a tu incógnito cantor i desconocido amante, me reconciliaria con la felicidad!
Mañana resguardado por el silencio i la oscuridad de la alta noche, al sonar esta misma hora, a la luz del mismo rayo de la luna, pasaré, hermosa Berta, por el pié de esta ventana para ver si encuentro en ella la forma de una esperanza que dé la vida a mi alma o el desengaño que será, te lo juro, ¡la muerte de un corazon!
Dulce tirana de mi existencia