—¿Que tienes?
—Tengo alguna opresion en el corazon.
Manfredo se aproximó a su hija, ciñó con el brazo su cintura i estampando un beso en su frente tíbia aun con el calor del lecho que abandonaba recien, la dijo:
—Tenemos mucho que hablar, hija mia. Se trata de tu felicidad.—Condújola despues a una otomana i sentándose en ella al lado de su hija, con sus manos entrelazadas en las suyas, comenzó a insinuarle el amor que le profesaba Arturo i las ventajas que le ofrecia ese amor.
Berta inclinó la frente, i guardó silencio:
—¿Contradecirias la voluntad de tus padres mi Berta?
—¿I mis padres contradecirian la mia? ¿sacrificarian mi corazon a un hombre que no amo?
Manfredo como movido por un resorte se puso de pié i notablemente sorprendido la dijo: ¡Qué! ¿amas a otro?
—Nó, papá; pero no amo a nadie. I el amor es i no la fortuna la base de la felicidad.