Sobres d' amor m' a tret de llibertat, etc.
Sin detenernos á hablar de Lorenzo Mallol, en cuyas obras, no tan ajustadas al carácter que imprimió á las suyas Ausías March, se advierte más el estilo de la poesía trovadoresca, y en cuya lengua, como dijimos en otra parte, se notan más resabios de provenzalismo que en las de otras de sus contemporáneos; ni de Andrés Febrer, de quien únicamente por la autoridad de Santillana, que quizás le confundió con otro poeta de su nombre, real ó supuesto, sabemos «que fizo obras nobles», y al cual sólo citamos y ponemos entre los más distinguidos poetas de su tiempo por su traducción, dada recientemente á la estampa[23], de la Divina Comedia del Dante; ni de Arnau March, de quien no conocemos más que una copla de amores, nos fijaremos en los otros dos trovadores de este apellido, Jaime[24] y Pedro, ya mencionados.
Prescindiendo, para dejársela á la paciente investigación de los eruditos, de la cuestión de si la familia de los March es oriunda de Jaca, según opinan los escritores valencianos, ó de si procede de Cataluña, como, á nuestro entender con más fundamento, suponen algunos biógrafos catalanes de Ausías, á cuya opinión parece inclinarse el docto autor tantas veces citado de la Resenya histórica[25]; de si tuvo ó no su habitual residencia en la capital de Valencia, en lo cual pueden caber algunas dudas respecto de los dos Mossen Pedro y Jaime; y de si este último, autor del Libre de las concordances, dispuesto en 1371 por orden de don Pedro el Ceremonioso[26], y que contribuyó con don Luís de Aversó á la fundación del consistorio del Gay saber de Barcelona, es el mismo, como creemos nosotros, que el miles y diputado general de Cataluña y oficial en la casa del rey que figura en el documento á que hacemos referencia en la nota segunda de la página anterior, y en los que citan Torres Amat en su diccionario[27] y Ferrer en su estudio histórico-crítico[28]; cuestiones de escasísimo interés bajo el punto de vista de la historia literaria para los que opinamos que no existe en la época que reseñamos una escuela valenciana distinta de la catalana; y por los que creemos que la historia de una literatura, cuando en ella no reinan más que un solo gusto, una misma lengua é idéntico carácter, no debe fraccionarse en tantos capítulos como son las comarcas ó ciudades donde florecieron grupos más ó menos numerosos de escritores: prescindiendo, repetimos, de dichas cuestiones, hijas las más veces de un amor propio de localidad exagerado, ó que sirven á lo más para fingir lindes ó fronteras donde ni la geografía ni la historia las han levantado, veamos si cabe señalar la parte de influencia que pudieron ejercer los dos March, padre y tío, en el desenvolvimiento del ingenio poético y en el espíritu y carácter que dominan en las obras de Ausías.
Que la atmósfera de poesía que debió respirar éste desde su infancia en el seno de su propia familia, donde tan ardoroso culto se daba á la ciencia gaya, debía preparar su mente y su fantasía á recibir las inspiraciones de ésta y abrir su corazón á los puros goces de la belleza; que el renombre que como poetas gozaban, y las honrosas distinciones que de sus monarcas y de las damas y demás trovadores de su corte habían de recibir aquéllos debían ser eficacísimos estímulos que le excitasen á seguir sus pasos para por ellos llegar al logro de parecidos honores, ni hay por qué advertirlo ni por qué encarecerlo. Inteligencia asaz menguada, fantasía por demás pobre, corazón por todo extremo frío hubiera debido tener el niño Ausías, si el recuerdo de su tío y el ejemplo y la memoria de su padre, sobrado reciente la de este último en la época en que debió arrojarse á balbucir su primeros versos, no hubiesen encendido en su alma la celeste llama y en su pecho el fuego sagrado de la poesía.
Ello no obstante, si debiésemos señalar la parte de influencia que en el especial sabor y en el carácter de las esparsas del que debía ser el príncipe de nuestros poetas ejercieron las obras poéticas de Jaime y de Pedro, no vacilaríamos en atribuir la mayor y más visible, si vale decirlo así, al segundo. En las escasas muestras de las poesías del primero que han llegado á nosotros, y más que en otra alguna en la Questió sobre lo departiment del estiu e del ivern, nos parece advertir más resabios de la escuela trovadoresca que de la tolosana; sin que por otro lado resalte en la amorosa que pone en boca de una dama que había perdido á su amante, de quien dice:
La qual no crey en lo mon n' agues par,
la suave melancolía, ó si se quiere la tristeza religiosa que se advierte en los cantos de muerte del apasionado amador de Teresa.
Respecto de Pedro, á quien apellida Santillana valiente y noble caballero, ora porque hubo de sobrevivir[29] á su hermano Mossen Jaime, muerto, según se presume, por los años de 1400, ora por el carácter de sus versos, más parecidos á los de su hijo, no vacilamos un punto en considerarle como maestro de éste.
Hé aquí la primera estancia de una de sus obras morales, que como para confirmar el dicho del mencionado Santillana, de que Pedro March «fizo asaz fermosas cosas», copia íntegra el señor Milá[30]:
Al punt c' om naix comence de morir