En gran desfals es lo mon de poetes

Per embellir los fets dels que be obren[31],

y declaraba Sors sentirse embarazado por tener que hablar ante la corte poética de Alfonso V,

Car veig m' entorn tan gentil trovador[32].

Si entendía el amante de Teresa hablar de la escasez de los que consagrasen especialmente su numen á divulgar y poner por encima de las nubes los hechos gloriosos de los hombres de su tiempo, por todo extremo justa, mal que nos pese confesarlo, era su queja. Si tan sólo pretendió afirmar que en comparación de otras épocas era la en que él floreció pobre en trovadores, en este caso, más que al dictamen suyo, por de peso que sea, nos inclinamos al del trovador de la corte del conquistador de Nápoles; y á su ejemplo y cual él nos sentimos embarazados, puestos en presencia de la muchedumbre de vates que por aquellos tiempos florecían, para escoger, ya que no sea posible ni necesario á nuestro propósito hablar de todos, los más granados de entre ellos y los que mejor caracterizan la escuela poético-catalana en el que es el segundo y, sin duda alguna, el más fecundo y brillante período de los tres en que dividíamos hace poco dicha escuela.

Y al llegar á este punto, y antes de hablar de dichos poetas y del que es sin disputa el primero y más original de los de la XV centuria, no ya únicamente en nuestro particular Parnaso, sinó hasta en el más fecundo y rico en ingenios de Castilla, parécenos oportuno y á nuestro propósito casi necesario, antes de ocuparnos en Ausías March, y de deducir del estudio y crítica de sus obras el carácter de la escuela á que pertenece y de la cual es la expresión más genuina y el más perfecto representante, según más arriba dejamos indicado, apuntar en breve resumen la naturaleza y principales rasgos de aquella escuela, más que en ninguno de sus períodos, visibles y hondamente marcados, en el que va por pocos momentos á ocuparnos. Y como con más acierto que pudiéramos nosotros lo ha hecho el que es consumado maestro en literarias disciplinas, y en lo que se refiere á las catalanas letras sobresaliente, nuestro estimado amigo el autor de la Breve resenya, tantas veces aludida, nos limitaremos á trasladar aquí, vertido al castellano, el pasaje de ésta que se refiere al sujeto que nos ocupa, seguros de que nos lo han de agradecer nuestros lectores y que ha de ganar no poco en ello esta parte de nuestro trabajo.

«Si hubiésemos de dar una respuesta meditada á quien nos preguntase qué opinamos de la naturaleza y mérito de dicha escuela poética, deberíamos en primer lugar advertir que no era aquella una poesía popular ó natural, sinó una poesía verdaderamente artística, es á saber, que atendía no poco á la habilidad ó maestría de los poetas, ó sea á los primores y á la dificultad en la ejecución y á evitar toda falta, fuese grave ó de escasa monta; por manera que los méritos de las composiciones han de buscarse principalmente en las bellezas de lenguaje y de versificación. Ni pretendemos decir con esto que el lenguaje poético de nuestros trovadores tenga aquella delicadeza del de los provenzales, que le daba muchas veces cierto aire de obra musical, ya que el de aquéllos era, si cabe decirlo así, más tirante (perdónesenos el vocablo) y dispuesto de una manera casi mecánica; pero también es verdad que estaba muy bien ordenado, sujeto á determinado compás y que sabía expresar lo que el poeta quería.»

«Nuestra poesía era más obra de estudio y de cabeza que de corazón y de fantasía; lo cual provenía de su propia naturaleza, de la atmósfera en que vivía, del genio pensativo y poco aficionado á flores de los hijos de este país. Han de exceptuarse, sin embargo, de esta regla general muchas composiciones, pues sucedía no pocas veces que la fuerza de los efectos rompía las trabas con que los sujetaban las prácticas de la escuela.»

«Y pasando á ocuparnos, continúa diciendo, en la materia ó argumento de las obras, échase de ver desde luégo, y así en la nuestra como en otras muchas escuelas, que no pocas veces (sobre todo en las amorosas) ocupa el lugar de los verdaderos afectos cierta gentileza cortesana. Y en este punto debemos advertir que si bien doctos escritores han creido, no sin razón, que era preferible aquella gentileza á la expresión de groseros apetitos, propia de los antiguos poetas paganos; y si bien es cierto que los nuestros muéstranse más limpios que los viejos trovadores provenzales, no hay que figurarse por eso que los usos cortesanos anduviesen siempre por el más recto camino, sinó que por el contrario, poco de lo que recogen los historiadores de nuestra literatura puede ofrecerse como modelo á los jóvenes que desean adelantar en el estudio de la gaya ciencia. Por lo que respecta á la parte literaria, no puede negarse que semejante gentileza produjo más abundancia de obras, y muchas asaz elegantes y primorosas; pero también es cierto que multiplicó las de escasa importancia, y los que la ciencia de los retóricos apellida lugares comunes