y por su poesía castellana, titulada Condició de las donas:
Quien bien amando persigue
Dueny así mesmo destruye, etc.,
es por lo que dejamos de colocarle entre los poetas de la escuela de Ausías, aunque le tengamos por uno de los más notables de su época.
Entre los que de más alto renombre en ella disfrutaron, y á quien uno de sus contemporáneos se adelantó á comparar no menos que á Virgilio, ocupa por ventura el primer lugar el valenciano Mossen Juan Roig de Corella. Si es cierto, como afirma el Sr. Ferrer y Bigué, que sostuvo amistosa correspondencia con el desafortunado príncipe de Viana, quien sobrevivió dos años al que lo fué de nuestros trovadores, bien puede colocársele entre los contemporáneos de éste, por más que alcanzase á ver los albores de la XVI centuria. Maestro en sagrada teología, aunque se revela su afición á las letras clásicas en las obras en prosa, por demás culta y limada, en que trató asuntos mitológicos[37], y que alguna vez como poeta empleara su lira en sujetos profanos, como lo prueban, entre otros, los versos en estramps con que termina la llamada Tragedia de Caldesa[38], no indignos algunos de ellos de figurar al lado de los mejores de Ausías March, fué sin embargo la poesía religiosa la de su especial predilección y en la que dejó la mejor muestra de su ingenio, al par que la más acabada y tierna composición que en dicho género nos ha legado la escuela poética catalana del siglo XV. Nos referimos á la intitulada: Oració á la Senyora Nostra tenint son fill Jesus á la falda devallat de la creu, y de la cual ponemos como muestra su primera estancia:
Ab dolor gran que nostres pits abeura,
E greu dolor qu' el nostre cor esquinsa
Venim á Vos, filla de Deu é mare,
Que nostra carn dels ossos se arranca,
Hi 'l sperit desija l' esser perdre,