Pensant que, mort per nostres grans delictes,

Ver Deu é hom lo fill de Deu é vostre,

Jau tot estés en vostres castes faldes.

No conocemos, fuera de los versos ya citados, ni los demás de que hace mención en su artículo sobre este poeta el señor Ferrer, ni la traducción de la Vida de Jesús, escrita por el Cartujano, ni la de los Salmos, titulada Epsalteri trelladat del llatí en romanç, de que hace mención dicho crítico. Sin embargo, aunque no hubiese escrito más que aquella tan tierna como inspirada oración, que está muy por encima de las muchas poesías que de asunto religioso se escribieron en aquel siglo, nos asociaríamos al parecer de aquel escritor de que «no debe confundirse á Corella con la generalidad de los versificadores, sinó que merece especial mención entre los poetas del siglo de oro de la literatura valenciana.»

Otros varios poetas pudiéramos citar, como Fogassot, Valmanya, que siguieron con más ó menos fortuna el camino trazado por Ausías March, en particular en sus poesías amorosas,—no en su espíritu, que en esto no tuvo quien se le pareciese—sinó en la forma y giro especiales que dió á sus esparsas, y que por lo tanto contribuyeron con su ingenio algunos de ellos, con su numen todos, á dar esplendor y más marcada fisonomía á la escuela poética catalana. Sin embargo, como ni ésta se ofrece bajo un solo aspecto, ni es únicamente la influencia de March la que en ella domina, ya que, según dejamos indicado, muéstrase en la misma la de otras literaturas y la de otros géneros, dejaríamos sin terminar y sólo en una de sus partes bosquejado el cuadro que de aquel período literario estamos con mejor buen deseo que fortuna reseñando, si en otros de sus especiales y también característicos aspectos no nos ocupáramos. Pero como los poetas que más contribuyeron con sus producciones á imprimírselo ó que son la más genuina representación de los mismos, tales como Gazull, Fenollar, y sobre todo Jaime Roig, aunque alcanzaron los tiempos de Ausías, escribieron casi todos en la segunda mitad del siglo XV, y por consiguiente después de la muerte de aquel poeta, hemos creido deber interrumpir aquí por algunos momentos nuestra tarea, para proseguirla en ocasión que consideraremos más oportuna, á fin de ocuparnos ya en la vida y en las obras del inmortal amante y cantor de Teresa.


VIDA Y OBRAS DE AUSÍAS MARCH
Y JUICIO DE ÉSTAS

De pocos ingenios que hayan alcanzado viviendo aún, el renombre del que es objeto de este nuestro estudio, habrá que lamentar más escasez de datos biográficos. Ni los contemporáneos suyos, que le tomaron por guía y modelo como poeta; ni los que después de su muerte le admiraron y reconocieron como maestro; ni los que más tarde, pero en tiempos en que vivían todavía en la memoria de las gentes los recuerdos de los sucesos de su vida, le tradujeron ó le comentaron, nos han dejado más que escasísimos datos acerca de su persona y de sus actos; ni él mismo, cual si creyese que, bastando para inmortalizarle sus poesías, no tenía necesidad para pasar á la posteridad más que de revelar su nombre,

Yo som aquell que 'm dich Ausías March,

se dignó hablar de su persona ni de los hechos de su vida, muy al contrario de lo que acostumbran hacer en nuestros tiempos muchos de los que se dan á sí mismos el nombre de poetas, quienes, atentos en demasía á que las generaciones venideras no ignoren las más insignificantes circunstancias de su existencia, revelan hasta aquellas cosas que, que para honra suya y respeto á la moral, hubieran debido permanecer ocultas. Lo único que en limpio sacamos de la lectura de las melancólicas estancias de Ausías es que, combatido su corazón por dos afectos, como el mar por dos encontrados vientos, acabó por elegir