O cor malvat del qui 's veu en tal pas,

Com pecejat é sens sanch no roman?

¡Cómo no soltar la voz al dolor y arrancar á la lira, cuando se presentan á la fantasía tan tristes recuerdos, y llaman á la puerta del corazón tan acerbos pesares, versos como éstos:

Car tant com puch jo'm dolch e dolre 'm vull,

E com no'm dolch assats pas desplaher,

Car jo desitg que perdés tot plaher,

E que jamés cessás plorar mon ull!

Cant VI.—Si per null temps, etc.

Pero Ausías March era un gran poeta y como tal capaz de sentir, con más fuerza que los corazones vulgares, los grandes dolores, á la manera que lo es el Océano de ser sacudido y turbado hasta en sus más hondos senos por tempestades, que apenas podrían desplegarse en toda su imponente majestad en pequeños mares: Ausías March era también un gran cristiano, y por lo mismo, no tanto era el dolor de la separación de los cuerpos el que más tormento le daba, como la duda de si debía ó no ser eterna la de sus espíritus. Nuestro trovador tenía bastante temple de alma como hombre, y como cristiano fe sobrada, para despreciar esos amores teatrales que sólo se exhiben ante testigos y buscan para desahogarse lugares sombríos, pero dispuestos á manera de decoración escénica, si en su tiempo hubiesen estado de moda, como lo estuvieron en los nuestros; y para saber que todo acaba para los cuerpos con la muerte, hasta el día en que sean llamados á gozar ó á sufrir con las almas, según contribuyeron á su salvación ó á su condenación eterna. Él sabe que los difuntos no piensan en los vivos, y que por lo tanto no agradecen los dolores que éstos sufren;

Quant pens dels morts que res del vius no pensen