Son muy conocidas las noticias biográficas que acerca del primero de nuestros satíricos y famoso médico de doña María, la discreta y prudente esposa de Alfonso V de Aragón, han visto la luz pública, para que debamos reproducirlas en este trabajo. Que llegó á una edad avanzadísima, más de la que se necesita para tener experiencia sobrada de los hombres y de las cosas y para llevar al sepulcro copiosísimos desengaños; que pasó por todos los estados de la vida y pudo conocerlos muy bien todos para describirlos; que le llamaba su natural inclinación á ver las cosas por su aspecto risible más que por el grave, lo saben cuantos han oido hablar de él y de la principal de sus obras.
Lo llibre de les dones ó dels concells es la de más extensión de las de su género que posee nuestra literatura, pues se cuentan en ella más de doce mil versos; y si bien éstos son tan sólo de cinco sílabas, resulta no obstante sobrado difusa por la excesiva abundancia de aquéllos, y por su disposición en pareados por demás monótona.
Partiendo de la cristiana y provechosa máxima de que la mejor de las obras de misericordia es enseñar y dar buenos ejemplos á la inexperta y poco avisada juventud, él, que se reconoce ya viejo y que además vive alejado del mundo, cree deber emprender la composición de su obra, si bien principalmente para uso de su amado sobrino Baltasar Bou, con el deseo también de que los jóvenes y hasta no pocos viejos no se abrasen como incautas mariposas en la amorosa llama. Roig finge ser él mismo el héroe de su poema satírico, que divide en un prefacio y cuatro libros, y aquél y éstos á su vez en cuatro partes. De aquella circunstancia saca el señor Milá motivo para considerar dicho poema como la obra que dió el plan y abrió camino á una nueva especie de ellas, que lograron después excesiva boga en las letras castellanas, ó sea, á la novela picaresca, género de suyo harto escabroso y expuesto á caidas, en que ejercitaron no obstante su pluma ingenios tan sobresalientes como Mendoza, Cervantes y Quevedo.
«Roig, ha dicho de él nuestro eminente crítico, es poeta satírico de mucho valer y uno de los pocos que acertó á percibir con claridad y apropiarse nuevos aspectos de la naturaleza, y que supo además usar con provecho de esa cualidad, gracias al donaire y abundancia de su expresión. Hásele acusado de exceso de erudición; mas este defecto, que es común á todos los poetas de su tiempo, no se repara ó se repara muy poco en su libro, y los que se han tomado por vocablos eruditos son palabras muy familiares y muy hijas de la tierra, que salen como á chorro de su pluma, cuando se propone calificar ó describir.» El principal y más reprensible defecto de su libro es la sobrada desnudez de los cuadros y la libertad de expresión que lo afean, y que recuerdan en más de un pasaje las que reinan en muchos fabliaux franceses; defecto que no bastan á cohonestar el fin que, como hemos indicado, se propuso al escribirlo, y ni siquiera el que hubiese puesto como epígrafe al mismo aquel versículo del Cantar de los Cantares: Sicut lilium inter spinas, sic amica mea inter filias, como para dar á entender que quería que refluyesen en honra y loa de la Virgen la malicia y las malas artes que denunciaba de las demás mujeres.
Como una muestra de su estilo y de la naturalidad y gracia de sus descripciones trasladaremos el siguiente pasaje en que pinta una tertulia de su tiempo:
En casa mia
Sino junyien
O no corrien
Toros per festa,
Cascuna sesta