Juan Pujol, presbítero de Mataró, poeta que floreció á últimos del siglo XVI, que compuso un poema A la batalla de Lepant, y á quien debemos colocar entre los admiradores é imitadores de Ausías March, como lo prueban las Glosas que compuso á varios de los cantos de éste, escribió, con el título de Visió en somni, una composición en que supone que se le aparece aquel poeta, quien con grande enojo y por muy áspera manera se queja de los que le han traducido sin comprenderle, y por lo tanto de Montemayor y de Romaní; pero mucho más ásperamente de éste, ya que como valenciano estaba más en situación de interpretar sus pensamientos; haciendo en cambio grandes elogios del catalán Luís Juan Vileta, traductor también de Ramon Llull, del cual dice que «solo entre ciento es quien

Reny lo qui reny y grunya lo qui grunya

Qui sens dubtar ell vuy en Catalunya

Mos dits entent del tot y sens fallir[60]

Si no fuesen apasionadas las alabanzas de Pujol, mucho sería de sentir la pérdida de esta versión, que es una de las dos á que antes nos referíamos, que no fueron dadas á la estampa. Es la otra la que cita Mayans, escrita en octava rima por el doctor don Narciso Arañó y Oñate, beneficiado en la iglesia de San Miguel de Valencia, y que poseyó en su rica y escogida librería aquel diligente y docto investigador de nuestras riquezas literarias.

Respecto á las ediciones de las obras de nuestro poeta, nos limitaremos á indicarlas, remitiendo para mayores datos á nuestros lectores al citado Catálogo de Salvá y á los biógrafos Rodríguez, Fuster y Jimeno; y son la ya mencionada de 1539[61] en los llamados caracteres góticos; otra del mismo año y de la misma ciudad, citada por Rodríguez en su Biblioteca valenciana, pero de cuya existencia dudan Salvá y otros bibliófilos, no menos que él renombrados y eruditos; dos de Barcelona, salidas de las prensas de Carlos Amorós, una de 1543 y la segunda de 1545; otra de Valladolid del año 1555; otra impresa por Claudio Bornat, también de Barcelona, en 1560, que pasa por la más correcta; la que se tiene por la primera edición de la versión de Montemayor, dada á la estampa, según cree el señor Salvá, en el mismo año de 1560; á la cual sigue, según algunos bibliófilos, otra de Zaragoza de 1562; y por fin la de Madrid de 1579, en la cual se dieron por segunda vez á luz las versiones en ella reunidas de aquel poeta y de Romaní. En 1864 el señor Briz, á quien tanto deben las letras y la poesía catalanas, dió á la estampa en Barcelona una nueva edición de las obras del elegantísimo y sutil poeta, con variantes sacadas de las diferentes ediciones que para editarla tuvo á la vista, enriquecida con un fragmento que contiene varios cantos de la versión de Jorge de Montemayor y el Vocabulario de voces oscuras, publicado en la edición de Valladolid por Juan de Besa.


Hemos llegado al término de nuestra tarea. Al Jurado que ha de juzgarnos y después de él al público, si es que algún día damos á la imprenta este trabajo, que ha de confirmar su fallo, corresponden resolver si le hemos desempeñado ó no con acierto. Acaso al acometerlo contamos sobrado con nuestras fuerzas, ó nos hicimos la ilusión de que no sería de tan difícil ejecución como vimos que en efecto lo era, una vez pusimos en él nuestra mente y nuestra mano. Mas si pudimos engañarnos en eso, no nos aconteció lo mismo respecto del tiempo que se nos daba para llevarlo á cabo, que le tuvimos desde luégo por muy escaso, si el mérito de la labor había de corresponder á la alteza y á lo difícil del sujeto. Y sin embargo, de mucho menos aún del que se nos concedía hemos podido disfrutar para componerlo: y si bien ya sabemos que esta circunstancia, puramente personal, no ha de ser tomada en cuenta para atenuar la severidad del fallo y hacer que se incline en nuestro favor la vara de la justicia, la invocamos aquí y la hacemos pública para tranquilizar nuestra conciencia, y para descargo ante el público de nuestra pobre reputación como escritores.

Mucho desconfiamos de que nuestro humilde escrito alcance la joya ofrecida como premio. Pero de todas maneras tendremos motivo de felicitarnos de haberlo emprendido, porque á medida que íbamos adelantando en él, íbamos al propio tiempo estimando más al poeta y las obras objeto del mismo. Antes amábamos ya á Ausías March y le teníamos por el Príncipe de nuestros trovadores: hoy sentimos por él un verdadero entusiasmo y le ponemos por cima de todos los poetas líricos, propios y extraños, que florecieron en el siglo XV. Por esto, si tuviésemos esperanza de que nuestra voz, á la cual sentimos en este momento que le falte la autoridad que da un preclaro ingenio, ó un nacimiento menos humilde que el nuestro, pudiese ser oida de los poetas valencianos, les pediríamos la realización de dos grandes hechos que enaltecería por todo extremo á su patria y á ellos, á saber: primero que interpusieran su poderoso valimiento para lograr de sus corporaciones populares la realización del laudable propósito que se concibió hace algunos años, y que ignoramos por qué motivo no se llevó á cabo, de hacer una edición monumental de las obras de su gran trovador; y en segundo lugar, y para honrar dignamente por su parte la memoria de éste, que restaurasen su habla literaria, purificándola y templándola en las abundantes y cristalinas fuentes del idioma de Ausías y de sus mejores poetas de los siglos XV y parte del XVI; única manera, á nuestro modo de ver, de evitar que llegue más pronto de lo que ellos quisieran el triste día en que digan los hijos de su país: «no leemos las obras de nuestro gran poeta, porque están escritas en una lengua para nosotros muerta.» La edición de las poesías de Ausías March sería un monumento destinado á dilatar su fama; la restauración de la lengua literaria en que escribió él sus versos sería el medio de que jamás desapareciese de la memoria de los hombres.