y no abrirán palancas ni ganzúas
lo que cerró implacable a nuestra vista.
¡Armatostes inútiles! ¡Legado
de mi padre y sus pálidas vigilias!
Pended ociosos del siniestro muro
que la lámpara ahumó, siempre encendida.
Más me valiera mi caudal escaso
gastar, que conservarlo con fatiga.
¿Para qué quieres la paterna herencia,
si no la gozas? Al presente aplica