las riquezas: es carga agobiadora
el oro, cuando no lo necesitas.
Mas ¿por qué allí claváronse mis ojos?
¿Es aquel frasco imán de mis pupilas?
¿Por qué me halagas, como en selva oscura
luna apacible que de pronto brilla?
Yo te saludo, mágica redoma,
y llego a ti con mano estremecida,
reverenciando en tu licor precioso
del humano saber las maravillas.