Carro de fuego, que veloces alas
conducen por los aires, se aproxima:
nuevo camino me abrirá en los cielos
de donde mana la perpetua vida.
¿Podré gozar, gusano de la tierra,
el bien excelso, la inmortal delicia?
¡Podré, sí! ¿Qué me falta? Las espaldas
volver al sol que aquí nos ilumina;
abrir audaz la puerta misteriosa,
cuyo umbral nuestro pie temblando pisa.