Hora es ya de probar que emular puede

con la ensalzada majestad divina

la humana condición. No más espantos

al borde de esa inescrutable sima,

do la imaginación tiembla azorada

con los espectros que forjó ella misma,

y en cuya boca ante nosotros arden

las llamas del infierno maldecidas.

Voy a tentar el salto pavoroso,

aunque la oscura nada me reciba.