Sal otra vez del protector estuche,

sal, olvidada copa cristalina,

que un tiempo, en el festín de mis abuelos,

serenabas las frentes pensativas.

De mano en mano sin cesar pasabas,

y al pasar, cada cual, por ley antigua,

agotaba de un sorbo el hondo seno,

y las viejas historias esculpidas

en tu metal precioso relataba.

¡Cuántas veladas, al placer propicias,