la lobreguez en nuestra angosta celda,
hasta el fondo del alma reflexiva
otro rayo de luz también penetra.
La callada razón la voz recobra,
la esperanza florece lisonjera,
y al manantial fecundo de la vida
nuestros suspiros anhelantes vuelan.
¿Por qué impaciente gruñes?
¿Por qué sin paz te quejas?
Con las celestes voces