y al pobre corazón sediento deja?

¡Cuántas veces, ¡ay!, cuántas vi burlado

este imposible afán! Solo me resta

volver a ti los ojos, soberana

verdad, que brillas en las Santas Letras,

y más pura en el Nuevo Testamento,

más hermosa, a los hombres te revelas.

Las misteriosas páginas me llaman,

y en ellas fija mi razón, se esfuerza

por traducir el texto sacrosanto