ya es rápido río, ya es fúlgido mar.

Las greyes aladas con plácido anhelo

aspiran sedientas los rayos del sol,

y a la isla encantada dirigen su vuelo,

a la isla dichosa que encumbra hasta el cielo

la frente ceñida de eterno verdor.

Osadas escalan la cumbre distante,

intrépidas surcan las olas del mar,

y audaces volando, con pecho anhelante,

siguiendo van todas la luz fulgurante