todas las fuerzas del ánimo
rindo, entrego y comprometo,
al admitirlo y firmarlo.
Tanto voló mi arrogancia,
que ya entre los tuyos me hallo.
Burlome el excelso Espíritu,
e insensible a mis halagos,
la esquiva Naturaleza
arrebujose en su manto;
la hebra del pensar se ha roto,