el generoso atleta
vieras brillar, olímpica corona;
si tras la danza inquieta
te brindara la copa loca orgía,
llorar la juventud justo sería.
Pero en cítara de oro
el vuelo de la libre fantasía
seguir y el canto acompañar sonoro,
tarea, ¡oh mis señores los ancianos!,
es adecuada a vuestras flacas manos.