la fuerza que hace, al despertar la vida,

sangriento el odio y el amor sublime:

¡dame otra vez la juventud perdida!

El Gracioso

¡La juventud! ¿Y para qué la quieres?

Si en dura lid acometido fueres;

si una mujer en torno de tu cuello

tendiera el brazo bello;

si allá en lejana meta

la que audaz ambiciona