Pues sois tan amable, tan bueno, Señor,
ceñid la corona con sangre y sudor.
(Dan saltos desgarbados con la corona; la rompen en dos trozos, rodando y danzando con ellos.)
Es cosa resuelta: ya somos los amos;
y vemos y oímos y versificamos.
Fausto, mirando al espejo
¡Pobre de mí! La cabeza
se me va. Las sienes me arden.
Mefistófeles, señalando a los animales
Yo no puedo más: los cascos