el templo del amor cubres sombría,
infunde al corazón el vivo anhelo
que la esperanza del placer rocía.
De dicha y paz purísima fragancia
respiro aquí con inefable gozo.
En esta desnudez ¡cuánta abundancia!
¡Cuánta ventura en este calabozo!
(Déjase caer en el sillón de cuero, que está al lado de la cama.)
Recíbeme en tu seno, trono santo,
do el anciano reinó, gozoso o triste.