que imagen es de la beldad celeste.

¿Y tú, qué buscas, qué ansías, alma mía?

Goce interior inunda el pecho exhausto...

¿Por qué tiemblo, y mi mente se extravía?

¡Te desconozco, desdichado Fausto!

Mi ser penetra enervadora calma:

buscaba el choque del placer violento,

¡y en dulces sueños se evapora el alma!

¿Juguete somos del fugaz momento?

¡Ay! Si aquí apareciese, pura y bella,